Por Manuela Montoya Sefair, practicante de Comunicaciones

¿Qué pasa cuándo nos enfrentamos a un reto o proyecto nuevo y tenemos poco interés? Lo más común es que no salga como esperábamos o que no logremos los mejores resultados. Esto sucede cuando no tenemos motivación, esa energía que nos impulsa a dar lo mejor de nosotros mismos, la fuerza que nos conduce a superar momentos difíciles para conseguir nuestros objetivos. 

Mantener una motivación constante es difícil, de hecho, diariamente nos encontramos con situaciones que ponen a prueba nuestra disposición y determinación. Por ejemplo, algo tan simple como levantarnos de la cama para ir al colegio/universidad o ir a trabajar, si no le encontramos un sentido a la actividad que vamos a desempeñar lo más probable es que nos quedemos dormidos o nos gane la pereza. Todo esto se reduce a la motivación que encuentre y desarrolle cada uno en las acciones que realiza día a día.

Hay diferentes tipos de motivación que inciden en nuestro actuar. Para este contexto contemplamos dos principales (intrínseca y extrínseca), aunque existen otras categorías que las acompañan. 

¿A qué nos referimos con motivación intrínseca y extrínseca?

Los seres humanos nos sentimos motivamos por factores internos y externos y depende de nuestra personalidad o de la tarea que estamos llevando a cabo cuál es más dominante en determinada situación. 

La motivación intrínseca está directamente relacionada con la autodeterminación y hace referencia a esos factores internos que influencian lo que hacemos. Esto se refiere a que todos los proyectos que desempeñamos están acompañados o los realizamos por voluntad propia, por deseos de autorrealización y crecimiento personal. Es una motivación personal sin necesidad de recompensa externa, material o física, más allá de la satisfacción que sentimos al hacer algo que nos gusta o que nos llama la atención. 

Por otro lado, nos encontramos con la motivación extrínseca, la cual está relacionada con todos los factores externos a nosotros y las actividades que estamos desarrollando. Con esto nos referimos a que nuestro actuar, los retos que enfrentamos y los proyectos que emprendemos están guiados y motivamos por recompensas externas como el dinero, los resultados físicos o el reconocimiento social. Por ende, este tipo de motivación se diferencia de la intrínseca en cuanto a que nuestro comportamiento no está ligado netamente con la satisfacción personal, sino con la recompensa que se obtendrá. 

Ahora, ¿De qué manera se relacionan la motivación intrínseca y extrínseca con la educación?

Al igual que cuando afrontamos retos o llevamos a cabo proyectos día a día, en las aulas de clase la motivación también juega un papel sumamente importante. Desde el interés que muestran los estudiantes frente a los temas o asignaturas, hasta el propósito que le encuentran los docentes a enseñar y encontrar nuevas metodologías de aprendizaje. 

No obstante, no siempre encontramos con facilidad la presencia de la motivación en estos actores, puesto que no es algo que surge de la nada, sino que, por el contrario, toca generarla y fortalecerla. 

Tanto la motivación intrínseca como la extrínseca se experimentan y fomentan de manera diferente dentro del aula. No es lo mismo crear espacios de autoconocimiento con los alumnos para que haya un proceso de establecimiento de metas en conjunto (intrínseca), que impulsar la participación de los estudiantes en una actividad o proyecto por medio de una recompensa como puntos positivos o mejor nota (extrínseca). 

Ambas son igual de importantes en el proceso y contexto educativo, debido a que cada una busca una finalidad o beneficio diferente. La motivación extrínseca ayuda promover la curiosidad en los estudiantes, generar en ellos interés por participar en actividades o enfrentar retos que inicialmente no llamaban la atención y en el desarrollo de nuevas habilidades y conocimientos. Por otro lado, la motivación intrínseca promueve la buena productividad, empoderamiento en el proceso de aprendizaje (cuando el estudiante se siente motivado por lo que el docente está enseñando va a tener mayor control sobre cómo emplea sus aprendizajes y conocimientos) y ayuda a impulsar el trabajo por satisfacción personal. 

En síntesis, la motivación es esa energía que nos incita a lograr o conseguir las metas que nos proponemos, se manifiesta en factores internos o externos y se relaciona directamente con la educación y lo que sucede dentro del aula diariamente, debido a que fomenta el crecimiento personal, la curiosidad y desarrollo de nuevas habilidades tanto en estudiantes como docentes.