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La formación virtual, ¿una oportunidad para fomentar la autonomía intelectual de los jóvenes?

By August 6, 2019 No Comments

Por María Alejandra Correa Barrera, voluntaria Coschool

Un análisis publicado por Research and Markets, una de las mayores fuentes de investigación de mercado a nivel global, calcula que la industria de la educación a distancia alcanzará los 325 billones de dólares en el 2025 (en el 2015, llegó a los 107 billones de dólares). Podría parecer que el crecimiento que se pronostica para la educación virtual en la próxima década es desproporcionado; sin embargo, debido a que cada vez son más los avances y exigencias en términos de procesos de comunicación mediados por tecnologías, el hecho de que este segmento triplique su valor en 10 años no parece algo lejano de la realidad. 

Hoy en día las principales universidades en el mundo están liderando esta tendencia, ofreciendo opciones para que personas se formen virtualmente y, en general, aprovechando este nuevo horizonte digital que cada vez está más cerca. ¿Qué significa esto para un país como Colombia, en donde solo un poco más de la mitad de jóvenes tiene acceso a la educación superior, según cifras del Ministerio de Educación? De acuerdo con el ingeniero y académico Fernando Dávila, la educación virtual es la única forma de permitir que todo colombiano pueda tener acceso a educación de calidad, independientemente de sus condiciones socioeconómicas particulares. Dávila es uno de los fundadores de la Red Nacional Académica de Tecnología Avanzada y fue rector del Politécnico Grancolombiano, una institución que en el 2018 le impartía clases de forma virtual al 80% de sus estudiantes en 750 municipios del país.

“Definitivamente la educación virtual es la herramienta para descentralizar la educación, puesto que permite llevar la formación a cada individuo y no esperar a que ellos tengan que accederla únicamente en los sitios presenciales”, comenta el experto. 

No es una falacia admitir que la educación superior en el país está distribuida desigualmente. De las 347 instituciones de educación superior en Colombia, cerca del 60% están ubicadas en tres departamentos: Bogotá D.C., Antioquia y Santander. Este reparto territorial implica grandes obstáculos para jóvenes de zonas periféricas a la hora de continuar su formación académica. En estas situaciones, el aprendizaje a distancia beneficiaría a quienes, por diferentes motivos, se les dificulta superar las barreras geográficas y económicas que implican desplazarse a otro lugar. Este elemento también permitiría promover con mayor facilidad la interacción entre individuos de diferentes regiones, impulsando la conectividad y el intercambio cultural. 

Además de las ventajas en cuanto a acceso, para Dávila la tecnología como metodología fundamental de aprendizaje promueve el desarrollo de la autonomía intelectual, puesto que el aprendizaje del estudiante no está dirigido por un profesor de manera directa. Esto le brinda a éste la oportunidad de orientar su propio proceso formativo; o en otras palabras, crea un espacio en el que el estudiante, casi que por necesidad, adquiere la capacidad de aprender por sí mismo. Se ha demostrado, por ejemplo, que los estudiantes que aprenden a partir de cursos en línea tienen menores capacidades retentivas de la información en comparación a los estudiantes que asisten presencialmente a clase, pero sus habilidades de análisis son superiores. De igual manera, la modalidad virtual puede ayudar a que se adquieran otras competencias como lo es el buen manejo del tiempo, el desarrollo de la capacidad de emprender e innovar, la habilidad para indagar e investigar y, por supuesto, las habilidades tecnológicas.  

Si bien la educación a distancia es una respuesta a las nuevas exigencias metodológicas de aprendizaje en un entorno cada vez más tecnológico y digitalizado, esto no implica necesariamente una erradicación de la modalidad de educación presencial tradicional, o al menos así lo piensa Dávila, quien no concibe estas prácticas pedagógicas como excluyentes. “Las dos modalidades serán cada día más complementarias y permitirán avanzar en mejores opciones para todos los estudiantes dependiendo de sus propias características”, explica el experto. 

Un ejemplo de esto son las clases en las que algunos estudiantes asisten de manera presencial y otros, incluso encontrándose en diferentes países, las cursan virtualmente. Esta metodología puede incluso facilitar los esfuerzos de cooperación entre instituciones, propiciando el intercambio de conocimiento y maximizando esfuerzos dentro de la Academia. Aquí resulta pertinente aclarar que la educación virtual, que es un segmento amplio, también incluye modelos de formación para los educadores. 

Coschool. a partir de su programa Edumoción Móvil, utiliza de manera simultánea estas dos modalidades, presencial y virtual, para brindar a profesores la oportunidad de desarrollar sus habilidades socioemocionales, y que adquieran las competencias y herramientas para crear ambientes positivos de aprendizaje para sus estudiantes. Este proyecto, ganador del Misk Grand Challenge 2018 y de $100.000 USD de la Fundación de Bill & Melinda Gates, finalizó su primer piloto de manera exitosa en el Urabá con 180 docentes en julio de este año. Se extenderá a seis regiones del país, y llegará a 1.000 docentes de Colombia en 2019.  

El hecho de que una parte de los contenidos del programa estén disponibles en una plataforma digital, le permite a los educadores afianzar sus habilidades tecnológicas y desarrollar estrategias innovadoras de aprendizaje que sean más efectivas en el salón de clase. También permite que el programa sea escalable y costo eficiente. 

La formación virtual, una posibilidad que no está al alcance de todos

Ahora bien, a pesar de que la utilidad de la formación a distancia es clara y que en el país se ha visto un esfuerzo colectivo de las universidades por robustecer sus capacidades institucionales en este sentido, digitalizando sus recursos bibliográficos y ampliando su oferta de cursos virtuales, por ejemplo, actualmente siguen existiendo muchos retos en cuanto a la implementación de estas estrategias. Uno de los principales yace en el hecho de que en Colombia 20 millones de personas no tienen acceso a internet, especialmente en poblaciones rurales. Esto significa que incluso si las instituciones continúan invirtiendo en el desarrollo de estrategias de aprendizaje virtual, si no se contempla la inversión para mejorar la conectividad de estos territorios, las brechas educacionales y económicas no serán disminuidas. 

Finalmente, para que en el país se implementen estrategias que verdaderamente fomenten la educación virtual (no como una modalidad que reemplace a la educación presencial, sino como una herramienta complementaria y en algunos casos preferible), es necesario que haya un cambio de paradigma respecto a la concepción tradicional de la educación, la cual no solamente depende de una visión centrada en el rol del educador, sino que en cierta medida insinúa que el aprendizaje requiere de la presencia física del estudiante en un aula de clase. El debate respecto a las ventajas y limitaciones de la formación a distancia sigue abierto y hace que el continuar repensando y resignificando el papel del educador y del estudiante en el proceso formativo sean tareas inevitables.