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¿Cómo hacemos que la educación sea sexy?

By July 18, 2019 No Comments

Por Manuela Montoya Sefair, practicante de Comunicaciones

Uno de los principales retos a los cuales nos enfrentamos cuando entramos en el mundo educativo es el componente de la atractividad. Aquí nos encontramos con un par de preguntas como: ¿a qué nos referimos cuando decimos eso?, o ¿cómo así que la educación tiene que ser atractiva?, y ¿cómo lograrlo?

Pero, antes de entrar a responder esas cuestiones, es pertinente aterrizar una duda más importante que es ¿por qué en Coschool estamos hablando de esto? Bueno, el día de ayer (miércoles, julio 17) tuvimos la oportunidad de reunirnos en un mismo espacio junto con nuestros amigos de Fundación Corona, Kuepa, EduEmplea, Margarita Sáenz (Directora Ejecutiva de Enseña por Colombia) y nada más y menos que Peter Tabichi, el mejor profesor del mundo, quien estuvo de visita por Colombia desde Kenia. En este encuentro pudimos hablar sobre los proyectos de cada organización y entablar una discusión sobre los retos y el panorama educativo del país.

Encuentro Académica Anual de Organización Innovadoras en
Educación y Empleabilidad (2019)

Ahora sí, entrando en el contexto de la conversación que tuvimos, Ricardo Pineda (director de EduEmplea) planteó el punto que hoy nos trae a este blog: ¿cómo hacemos que la educación sea atractiva, que llame la atención trabajar en educación?, una cuestión que se une a las que expusimos al principio.

¿A qué nos referimos cuando decimos hablamos de atractividad?

Aunque sabemos que este adjetivo no está contemplado por la Real Academia de la Lengua Española, consideramos que es necesaria y única para describir el nivel de atracción de una cosa. Por lo tanto, para este contexto nos referimos a atratividad cuando decimos que algo es atractivo. Esto significa que nos llama la atención, que nos despierta interés. Por ende, cuando dirigimos ese adjetivo hacia la educación el panorama se vuelve más difuso, porque unir estos dos conceptos es un reto para muchos.

En nuestro entorno social nos encontramos con muchas cosas que nos atraen, unas muy particulares, como las películas de determinado género, y otras más a nivel colectivo, como el fútbol. Pero esos “hobbies”, por decirlo así, normalmente no necesitan de un impulso para que la gente se interese o los considere sexy. Pero, hay otros sectores que no tienen ese camino a la atractividad tan fácil, como es el caso de la educación.

Ahora, ¿cómo así que la educación tiene que ser atractiva?

La educación tiene muchos actores y formas de experimentarla, ya sea desde la visión estudiantil, a través de la mirada del docente o la perspectiva de cualquier educador (coordinadores, rectores, psicólogos, entre otros.). La atractividad para cada uno de estos es totalmente diferente y, por ende, la tarea de generar atracción también es distinta. 

Para el estudiante se trata de encontrar el interés en las materias y el contenido que está aprendiendo; por otro lado, el docente debe enfocar sus esfuerzos en buscar dinámicas innovadoras para facilitar el reto del alumno; y para los demás, consiste en encontrar ese factor que nos diferencia y conseguir que, de alguna forma, contribuya a que la educación sea sexy para los que no se encuentran dentro de este mundo.

Entendiendo esto, es preciso decir que el reto más grande de la educación en cuanto a su atractividad, es lograr que las personas que no están dentro de este mundo educativo lo consideren algo sexy, que les interese entrar en él, trabajar en y para él. 

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¿Cómo lograr que la educación sea sexy?

Con el tiempo hemos conseguido identificar varios aspectos que no nos permiten lograr un mayor interés en y por la educación como, por ejemplo, currículos no adaptados a las necesidades de los estudiantes, metodologías poco innovadoras, los salarios, trámites administrativos y académicos y una falta de sentido frente a la utilidad del mismo. 

Ahora, teniendo esto en cuenta, ¿qué se puede hacer para mejorar esta situación? Andreas Schleicher plantea que para empezar se “debe identificar mejor a los agentes clave del cambio, defenderlos y encontrar enfoques más efectivos para ampliar y diseminar las innovaciones”. Esto significa proporcionar valor al rol de educador y encontrar metodologías y enfoques diferenciados y novedosos, que impriman las aulas de estrategias de aprendizaje creativas.

Esa es una posible vía para emprender nuestro camino para volver nuestro entorno educativo más sexy, pero hay que entender que no se trata únicamente de permear los aspectos económicos y administrativos de la misma, sino conseguir que haya un atractivo intelectual que seduzca desde los alumnos, docentes y demás educadores, hasta el resto de personas que no se encuentran aún dentro de este mundo.

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