Por Alejandro Henao, Educador en Rumbo Emprender

¿Cómo lograr que nuestros jóvenes entiendan que está en sus manos cambiar el mundo? ¿Cómo lograr que se motiven intensamente a intentarlo? Estas son preguntas que constantemente nos hacemos como educadores y cuya respuesta, en muchos casos, se limita a hablar con los estudiantes: discursos, charlas y “cantaletas” sobre la importancia de pensar en el otro, de no esperar a que otros nos resuelvan los problemas, de tomar las riendas de nuestra propia vida. Sin embargo, es común sentir, como docentes, la triste insuficiencia de esas palabras; en algunos casos siembran semillas en las mentes de nuestros educandos, y en otros simplemente sentimos cómo se diluyen en los colores opacos del vacío. Sin embargo, en Rumbo Emprender pusimos en práctica otra manera.

Rumbo Emprender es una alianza de tres empresas privadas: Coschool, Fundación Bancolombia e Ipsos Colombia. Lleva trabajando en la región del Urabá Antioqueño desde el año 2018, impactando a más de 600 jóvenes de 4 instituciones educativas desarrollando, de la mano de ellos, habilidades socioemocionales y proyectos de impacto social que promuevan e incrementen su capacidad y percepción como agentes de cambio para la sociedad. En una región con un historial doloroso de guerra, los jóvenes se presentan como una luz de esperanza para construir una nueva versión de país.

Agencia de cambio. ¿Cómo la promovemos? ¿Cómo la desarrollamos más allá de las palabras? La respuesta es la misma siempre: actuar, actuar, actuar. Hablar menos, “cantaletear” menos, y permitir que los jóvenes experimenten con sus propias manos el poder que tienen. Para lograr esto, Rumbo Emprender se propuso hacer un mural en cada uno de los municipios en que trabaja: Carepa y Chigorodó. Se priorizaron lugares abandonados, en mal estado y desaprovechados para que, por medio del arte, los estudiantes transformaran su municipio.

El primer paso fue que los estudiantes plasmaran en dibujos los aprendizajes que obtuvieron con el proyecto, según su creatividad. Con esos dibujos se creó, junto con una artista invitada, un diseño para cada municipio que permitiera a todos los participantes sentirse representados. Lo siguiente implicó grandes trabajos de gestión para el equipo de facilitadores: conseguir y preparar los muros en donde se iban a pintar los murales, pedir donaciones de materiales (pinturas, brochas, aerosoles, etc.) en ferreterías locales, lograr los permisos de padres de familia e instituciones para que los estudiantes pudieran salir a trabajar en horarios de clase, dar visibilidad al evento con las comunidades en donde se pintaría, etc. 

Una vez preparado todo y hechos los bocetos de la artista en los muros, empezó la magia: durante 5 días, enfrentándose al calor, la sed, el polvo y el cansancio, los jóvenes pudieron dejar su huella en los municipios, transformando el espacio público e involucrando a la comunidad en el proceso. Los murales no solo tuvieron visibilidad a nivel interno del programa; diferentes medios de comunicación regionales registraron el evento y fue noticia para todo el municipio que los jóvenes estaban dedicados a servir a otros y a mostrar con orgullo que tal o cual dibujo quedó allí, en ese lugar, gracias a ellos.

¿Qué nos llevamos de la realización de estos murales? Los aprendizajes son variados y poderosos. El principal, como ya se ha dicho, la necesidad de sacar a los jóvenes de su rutina y ponerlos a actuar y experimentar sus capacidades al servicio de su comunidad. Pero también la importancia de visibilizar otra cara de la juventud, que tan frecuentemente son relacionada únicamente con temas como la drogadicción, el pandillismo o la sexualidad desordenada. Por un día, los ojos de Chigorodó y Carepa se iluminaron con la visión de 300 jóvenes trabajando por un mejor hogar común, por una mejor región y por demostrar que sus manos pueden ser manos de creación, vida y trabajo por otros. Esa luz, además, no es solo para los ojos externos, que ven el mural desde afuera; según los testimonios recogidos durante la experiencia, el mural es también, para los quienes que lo realizaron, un recordatorio cotidiano y permanente de lo que pueden lograr cuando se lo proponen y se arriesgan por un cambio. Un recordatorio para jóvenes, educadores y espectadores que puede iluminarnos en esos días en que no veamos más que nuestras sombras.